24 abr. 2010

Nombres anacrónicos

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En la película del-sábado-por-Telefé, Locuras en la Edad Media (Black Knight), el actor Martin Lawrence interpreta el papel de Jamal, un empleado de un parque de diversiones medieval que cae a un lago y quien mágicamente termina en la Edad Media. Cuando llega a ese lugar y se relaciona con la gente de la época decide tomarse una licencia anacrónica y llamarse Jamal Skywalker en honor al legendario personaje de Star Wars.

Yendo a películas un poco más exitosas, en la trilogía de películas Volver al Futuro (Back to the Future), Marty McFly viaja al pasado con el Delorean y en otro hecho anacrónico (aunque esta vez involuntario) termina llamándose Calvin Klein, por sus calzoncillos. En la tercera entrega, al viajar más en el tiempo, a la época del Far West, esta vez sí elige su nombre anacrónico, Clint Eastwood, en honor al gran actor de películas de western.

Está claro que en las ficciones de viajes en la cuarta dimensión, el uso de nombres anacrónicos es común y le da un toque de humor a la historia, y sería el resumen de lo que implicaría un viaje en el tiempo, el anacronismo absoluto.

A pesar de todo, esto que descubrí anoche de forma casi accidental, supera todas las expectativas. En 1810 había un grupo de islas llamadas las Islas Hawái que estaban separadas, hasta que un rey, por medio de batallas logró unir a todo el archipiélago y fundar así el Reino de Hawái. Su líder, este rey se llamaba Kalani Paiea Wohi o Kaleikini Keali`ikui Kamehameha o `Iolani i Kaiwikapu kaui Ka Liholiho Kunuiakea, Rey Kamehameha I para los amigos. Sí, rey Kamehameha, como el famoso ataque de Son Gokú de Dragón Ball*. Imposible que esto sea tanta coincidencia. Seguramente un hombre como Jamal o Marty viajo en el tiempo hacia al pasado y su nombre anacrónico fue Kamehameha, por alguna extraña circunstancia o porque simplemente era fanático de Dragon Ball y fue lo primero que se le vino a la mente al presentarse ante los nativos hawaianos de hace 200 años. Claro, desde el punto de vista de la actualidad, parece que Akira Toriyama le robó el nombre al rey hawaiano, pero en realidad Toriyama lo había inventado desde antes y este hombre que se convertiría en el rey Kamehameha simplemente usó ese término inventado por Toriyama para nombrarse. Parecerá una tontería, pero esto prueba que la máquina del tiempo ya se inventó en algún momento en el futuro y que ya la están usando, modificando nuestra historia, quien sabe para qué, pero claro, nosotros no nos daríamos cuenta porque la estamos viviendo. Pero a mí no me van a engañar, para nada, este rey es un trucho y yo ya me di cuenta.

Actualización: Como dijo Gus en los comentarios, además, el Rey Kamehameha I fue el líder del primer país que reconoció la independencia argentina en el momento en que firma un "tratado de unión para paz, guerra y comercio" con las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esto ocurre cuando Hipólito Bouchard llega al Reino de Hawái en busca de una embarcación argentina que se creía perdida, la Chacabuco. Allí descubre que en realidad sus tripulantes se habían dedicado a la piratería. Finalmente, con el tratado, el rey Kamehameha I le entrega a Bouchard algunos marinos hawaianos para que integren su tripulación.** Esto no sólo me hace creer que Kamehameha venía del futuro, sino que también me hace pensar que era argentino (o como sea que se llame la Argentina en el futuro).

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* Probablemente no se pronuncie igual, el ataque de Gokú es [káme-jáme-já], y el nombre del rey seguramente se pronuncie [kamejaméja].

** Toda esta información fue extraída del libro "Los Mitos de la Historia Argentina 2", de Felipe Pigna

17 abr. 2010

El secreto

6 respuestas
El secreto
—¿Qué? ¿Me estás diciendo que lo que dice este papelito es verdad?
—Sí, boludo, es verdad.
—Nah, no te la creo… Contame más.
—No, boludo, no te puedo contar.
—No seas forro, dale, ya me mostraste el papelito y no me vas a contar…
—No es por eso, boludo, no te lo puedo decir. El secreto está escrito porque es incontable…
—¡Me estás cargando!
—¡No boludo! Preguntale a cualquiera que haya leído el secreto.
—Pará, no jodás.
—¡De verdad te digo! Nadie lo puede reproducir, no se puede decir, pronunciar, siquiera balbucear. Es imposible.
—¿En serio?
—¡Claro!
—Entonces es un secreto que nadie puede decir, pero todos pueden leer… ¡pero entonces lo sabe mucha gente! ¿No es peligroso que muchos sepan algo así?
—No. Porque es incontable te estoy diciendo…
—¿Entonces? No me digas que todo el mundo sabe lo que dice el papelito…
—Sí, este es un secreto que todo el mundo conoce.
—¿Eh? ¿Cómo que lo sabe todo el mundo?
—Claro. Lo que pasa es que nadie se atreve a contarlo.
—¿Nadie?
—Nadie. Es incontable.
—¿Y si intento escribirlo?
—Se puede, pero podrías estar años para escribir la primera palabra nomás…
—Ah, dejame de joder, ¡esto es una boludez! ¡Tanto lío por… por… por… por…!
—¿Ves?
—¡Es cierto…! ¡Es increíble!
—Te lo dije.
—Sólo por decir que… que… ¡Ay! ¡Es indecible esto!
—Es una de esos misterios de la vida.
—Puta madre…
Y así, cuando ves a la gente por la calle, vos sabés que todos te miran, pero no dicen nada. Están pensando en el secreto. Te miran y lo piensan, saben que ellos lo saben, saben que vos lo sabés. Pero nadie dice nada, y se suben al tren de vuelta a casa.